Nos encontramos ante una de las más grandes comercializadoras de atún de España. Líder en su transformación y comercialización. Tras una larga etapa como proveedores y una posición sólida en los mercados B2B Atunlo aborda la conquista del cliente final llevando su marca a los lineales de los supermercados lo que obliga a enfocar su branding de una manera completamente diferente y nueva para lo que eran sus estrategias empresariales hasta ahora.
Atunlo era una marca bien posicionada en el mercado profesional de la pesca. Con un procesamiento de 300 toneladas de atún al día, una capacidad incuestionable para garantizar la disponibilidad de materia prima y una fuerte presencia en los principales mercados internacionales. En su periodo de vida se había ganado una reputación inquebrantable. Acometer su implantación en los supermercados y pasar a ser una marca reconocida por el consumidor final supone abrir una nueva etapa que poco o nada tiene que ver con su exitosa etapa anterior. Es un camino estratégico y táctico diferente que supone poner al consumidor en el centro. La curva inicial es pronunciada por que supone primero que el consumidor conozca la marca y comprenda su función y como puede cubrir sus necesidades. En categorías de producto más arraigadas y que forman parte del hábito de consumo es más fácil pero en este caso el reto supone comercializar atún congelado y no enlatado o fresco como es más habitual.
La línea de packaging tenía que ser el principal canal de comunicación con el consumidor y por ende trasladar los significados que serán la base de construcción de la marca al consumidor final: origen, sostenibilidad, calidad, práctico y nutritivo. Unos atributos que casan con las tendencias de consumo actuales y que el propio producto posee de manera intrínseca. El diseño lo protagoniza una imagen de la pesca del atún salvaje en alta mar. En duotono se compone de su color corporativo pero a la vez aporta connotaciones de producto Premium o de calidad. Tras una concepción global de la imagen se comenzó a trabajar de lo particular a lo general consiguiendo de esta manera una gran riqueza en los detalles gráficos, con un cuidado muy especial de la tipografía para tratar al consumidor con respeto y de una manera muy humana. El resultado es una línea de packaging bien diferenciada que comunica de manera eficiente la calidad de su contenido.









